Ocurre en Suecia,
Estocolmo. Es la fiesta de cumpleaños de un niño cuyos padres, junto a otros,
han creado una guardería a manera de cooperativa, todos los miembros, ese es el
compromiso, cada cierto tiempo se van turnando y se hacen cargo de los niños en
el local de la guardería. Qué mejor que los mismos padres se encarguen de
cuidar a los niños. Y la fiesta de
cumpleaños es una buena excusa para conocerse y estrechar lazos.
Uno de los padres que
ha llevado a su hija –un noruego bastante alto que cuatro años antes se hizo
conocido por su primera novela– pasa la mayor parte del tiempo, disimulada y
cortésmente, evitando las conversaciones convencionales con los otros padres.
Es la historia, o la
época de su vida, después de un episodio doloroso –la muerte de su padre– en la
que enfrenta dos hechos sustanciales: escribir su segundo libro y el
enamoramiento, lo que significa la convivencia y los hijos. Es la historia que
Karl Ove Knausgård cuenta en Un hombre
enamorado, segundo tomo y tercera parte de su autobiografía titulada Mi lucha, publicada en 2008 y cuyos dos
primeros tomos en español, publica Anagrama en 2014.
En este
segundo tomo, con el mismo desenfado y reflexiones sobre la cultura, el arte y
la literatura, que en el anterior, La
muerte del padre, Knausgård reflexiona sobre un tema bastante conocido: la
posibilidad de combinar la vida del amor, la vida familiar, con la vida del
escritor, expone ese antagonismo; muestra lo agobiante que puede ser combinar
familia y escritura, la lucha que significa tener una familia: compartir,
ceder; con un trabajo solitario, un trabajo que implica aislarse, no sólo en el
sentido práctico, elemental, si no en el sentido más profundo de la soledad. “Yo
tenía dentro de mí dos grupos de sentimientos hacia ella. Uno decía: tienes que
marcharte, ella quiere apoderarse de todo lo que eres, vas a perder por
completo tu libertad, vas a dedicarle todo tu tiempo, ¿qué va a pasar con todo
lo que tú aprecias, con tu independencia y tu escritura? El otro decía: la
amas, ella te da algo que ninguna otra persona puede darte, y sabe quién eres.
Exactamente quién eres. Los grupos eran correctos, pero inconmensurables, uno
excluía al otro y viceversa.” Reflexiones de esta naturaleza son las que
rondaban por la cabeza de Knausgård al confirmar esta certeza: ambas formas de
vida son excluyentes. Porque para hacer una obra –en
este caso escribir– de lo que más se necesita es tiempo, sí, tiempo,
tranquilidad, silencio, se necesita un espacio en el que se pueda trabajar con
soltura y lamentablemente eso no es posible, o se dificulta en exceso cuando
hay otras responsabilidades, cuando hay una familia. La responsabilidad de un
hijo está al mismo nivel de crear.
Esta disyuntiva, cuando el oficio o la actividad de un individuo implica el
dolor de quienes le rodean, está resumida en la pregunta que Tecmesa le hace a
Corifeo en Ayax. “Si alguien te
permitiera elegir ¿qué preferirías: ser feliz tú afligiendo a los tuyos, o
estar con ellos compartiendo las penas?” Y en este caso, el artista, o el escritor, es el que está “feliz”
mientras se dedica a lo suyo y esa felicidad definitivamente afligirá a su
familia; pero si él se dedica a una vida familiar el afligido será él. Es por
eso que la pregunta de Gregory Hemingway a su padre es tan pertinente: “¿Qué
consideras que es más importante? ¿Tu mierda egocéntrica, los cuentos o las
personas?”
Otro tema que toca el
autor, casi como un cronista de la época, es la sociedad del bienestar, la vida
burguesa a la que tendrá que acostumbrarse, esa vida de la que dice: “Siempre
me ha gustado el estilo de vida burgués. Siempre he añorado lo respetable. Que
las formas rígidas y las reglas estén ahí con el fin de mantener lo interior en
su sitio, de regularlo, de convertirlo en algo con lo que uno pueda vivir, y no
en algo que rompa la vida en pedazos una y otra vez.”
En la fiesta de
cumpleaños de la cooperativa, uno de los padres, que sabe del oficio de
Knausgård, le pregunta:
“- ¿Y no te resulta
difícil? Quiero decir, ¿no te entran ganas de ver la tele, poner una lavadora o
cualquier otra cosa en lugar de escribir?”
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